La Nación: Escultura y animalismo, no todo es estilo contemporáneo

Escultura realizada por VIvianne Duchini
El imponente Pegasus parece dispuesto a emprender vuelo contra el fondo de la piedra París del Palacio Errázuriz, construido por encargo del embajador chileno Matías Errázuriz, según proyecto del francés René Sergent, a comienzos del siglo XX. Este edificio espléndido, patrimonio de Buenos Aires, es desde 1937 Museo Nacional de Arte Decorativo. Un ámbito perfecto para la retrospectiva de Vivienne Duchini, que ubica su obra en las mismas coordenadas estéticas y temporales de la casa de los Errázuriz, en un diálogo natural con los retratos de Sorolla y los interiores franceses.

El origen de la muestra fue el alado Pegasus, portador del rayo de Zeus en la mitología griega, inspirador de un sueño para la escultora y respuesta al deseo de un coleccionista. Más de 80 esculturas exhibidas sobre bases de color verde malaquita, según montaje de Javier Iturrioz, bajo la mirada del director Alberto Bellucci y del experto en museografía Hugo Pontoriero, recibirán a los visitantes a partir de hoy, a las 19, y hasta el 7 de junio en avenida del Libertador y Pereyra Lucena.

Entre molduras y mármoles, hay un nuevo paisaje interior en las salas de planta baja: caballos erguidos y severos, otros en movimiento, pastando, tropillas al galope y galgos de felinos movimientos congelados en el bronce a la cera perdida, salidos de la Fundición Buchhaas. Es infrecuente que en pleno siglo XXI una artista asuma su vocación mirándose en el espejo de grandes animalistas de la talla de Bourdelle, Antoine Barye, Pierre Jules Mene, y, de manera especial, en el escultor impresionista Rembrandt Bugatti, hijo de Carlo, famoso por sus muebles de ébano y marfil, y hermano de Ettore, constructor de automóviles imperiales, como la Bugatti Royale en la que Alfonso XIII se despidió de la corona.

Rembrandt Bugatti pasaba horas mirando los animales en el zoológico de Amberes, Bélgica. Allí estaba su fuente de inspiración. Para Vivianne Duchini fueron los caballos en su entorno natural, en la pista de salto y en la pampa de horizonte infinito. De formación académica, estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes Prilidiano Pueyrredón y en los talleres de Aurelio Macchi, Rubén Locaso y Leo Vinci. Su primera muestra, lógica pura, fue en la galería de arte del Club Hípico Argentino. Más tarde, sus perros de pátina clara escoltaron por años la vidriera de Colección Alvear de Zurbarán.

Una tropilla al galope con su firma se recorta contra la fachada del hotel Four Seasons y ,en poco tiempo, la rotonda de Márquez y Rolón, en San Isidro, tendrá su yegua con potrillo Bajo la luna.

Llegar al Museo Nacional de Arte Decorativo ha sido un paso grande en la carrera de Duchini (52), quien lleva conquistado el corazón de muchos coleccionistas públicos y privados por su manera clásica y realista de interpretar el mundo de los caballos en particular, y de los animales en general. Su preferido fue desde siempre el flete que mejor conoce: el Silla Argentino, liviano y de buen porte, con la asimilación en su adn del Sangre Pura de Carrera. Casi se diría que todo tiene un aire de familia, porque Hugo Dircie, su marido, es jinete profesional, campeón nacional de salto, panamericanista, protagonista de tres giras europeas y profesor de equitación, y sus hijos Alan y Alex comparten la afición.

Vivianne Duchini pasó su vida cerca de los caballos, es una jineta excepcional y desde muy temprano en la vida tomó el lápiz para dibujar y luego, con pasión, eligió la escultura; esa destreza, que según escribe Bellucci en el catálogo de mano, “le permitió conquistar el planteo de las formas, la fuerza de las texturas, la rotundez del músculo, el secreto del instante”. Esa capacidad para congelar en el bronce la cotidiana escena de campo abierto, esculpir un criollo tamaño natural para La Rural de Palermo o “retratar” ejemplares para el sheikh Zayed Bin, presidente de los Emiratos Árabes, Abu Dhabi, entre muchos destinos de sus obras.

El último capítulo de esta historia es la apertura de la temporada de otoño en el museo, que vive días de cambio con la puesta en valor de los jardines diseñados por Achille Dûchene, con el apoyo de la Asociación de Amigos y de American Express Foundation, gracias al programa de mecenazgo.

PUESTA EN VALOR DEL PALACIO

Las últimas obras de mantenimiento del edificio fueron gestionadas por la Asociación de Amigos que preside Olga Muro de Nadal y se concretaron con el aporte de varias empresas a través del Régimen de Promoción Cultural de Mecenazgo. Desde 2012 hasta la fecha se restauraron las fachadas del Museo, se puso en valor la cúpula y este año se aprobó la puesta en valor del Salón de Baile cuya obra comenzará en junio.
American Express Foundation USA eligió en 2014 el proyecto de recuperación histórica del jardín del MNAD presentado por la Asociación. Los fondos de la donación se aplican a recuperar la fisonomía del diseño original del paisajista Achille Duchêne bajo la dirección del Estudio Thays.
También, gracias a la Fundación Hermanos Agustín y Enrique Rocca, que apoya al MNAD, se ha finalizado la pintura de las celosías de las aberturas y ventanas de todas las fachadas del edificio.

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